Sentada en un butacón
pasaba las tardes cosiendo.
Un tenue rayo de sol
por la ventana se iba yendo.
Tranquila estaba la noche,
sentada junto a su esposo,
veían la televisión,
todo estaba en reposo.
La paz ella traía,
tranquila segura estaba.
Toda la casa confiaba,
mientras ella allí continuaba.
Las tardes del domingo
paseaban junto al río.
Volvían a casa cansados,
ya el domingo se había ido.
Así pasaba sus días.
Era feliz a su modo.
Pero llegó la noche a la casa,
su vida se convirtió en un lloro.
No quería morir.
Las horas se apresuraban.
Ella quería vivir
pero sus horas se marchitaban.
Cerró sus ojos, se fue.
La vi marcharse tranquila.
Vi que Dios la cogía.
Pero dejó la casa vacía
Su cuerpo estaba presente.
pero ella ya no estaba.
Un viernes de invierno crudo,
la enterraban.
Todos lloramos su marcha.
Mi padre no reaccionaba.
No se daba cuenta que lo dejaba.
La casa vacía. Su sillón sí que estaba.
Los domingos no son iguales,
solo allí en la estancia.
Los días parecen iguales,
Pero ella se ha marchado de la casa.
¿Dónde estás madre mía?
Que te has ido sin decir nada.
Te has dejado la casa vacía
y solo a mi padre, sin decir nada.
Hace tiempo de esto.
Aún recuerdo su cara.
¿Cómo has podido dejarnos
Ya no hay unión en la casa.
A pesar de tus defectos
yo te amaba.
Eras mi madre querida,
en la única que confiaba.
Ahora ya no queda nada.
No hay casa, ni sillón, ni estancia.
Cada uno por su sitio...
Así ha quedado la casa...
MJ

Y oí una voz que me decía,
¡esta aquí Conmigo en el cielo!
disfrutando de su estancia.
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